Mientras la yerba y el té se desploman, la industria tabacalera —motor de la economía regional— se encuentra rehén de piquetes minoritarios. La alarmante parálisis oficial sigue empujando a los trabajadores hacia la frontera brasileña.
El reclamo de un grupo minoritario ha dejado de ser un conflicto de precios para transformarse en un síntoma de abandono institucional. A pesar de que la Cooperativa Tabacalera de Misiones (CTM), los gremios del sector y la industria, bajo la supervisión del propio gobierno, lograron sellar un acuerdo de precios históricos, el clima en las rutas y en las chacras es de una tensa incertidumbre. ¿La razón? Una preocupante ausencia de respuestas por parte del Poder Ejecutivo y, principalmente, de una Justicia que parece observar desde los márgenes cómo se degrada la paz social.
Un sector que sostiene, pero que no es escuchado
En un contexto donde la yerba mate y el té atraviesan una depreciación que ha dejado a millas de familias rurales al borde de la subsistencia, el tabaco es hoy la actividad que inyecta liquidez inmediata en los pueblos del interior. Los intendentes de las zonas productoras lo saben: si el tabaco se detiene, el comercio local muere.
Sin embargo, esta maquinaria económica está siendo obstruida por grupos de «autoconvocados» que, según denuncian referentes del sector, no representan ni al 2% de la masa de productores.
«Estamos ante un secuestro de la producción por parte de dirigentes que buscan en el asfalto el protagonismo político que no consiguieron en las urnas», afirman voces autorizadas del sector, en clara referencia a líderes de piquetes con recientes fracasos electorales.
Brasil como única salida
La inacción de las autoridades no solo afecta la rentabilidad, sino que está provocando un daño estructural al tejido social misionero: la emigración forzada. El impedimento de trabajar libremente y la falta de garantías de seguridad en los traslados han generado un fenómeno de expulsión de mano de obra local.
Se vive una fuga de brazos: Peones y colonos jóvenes, ante la parálisis, cruzan la frontera hacia Brasil.
La seguridad jurídica, el derecho a trabajar, ejercer una actividad lícita y disponer del esfuerzo de cada uno, hoy en Misiones se va trasformando en un camino incierto.
Cada trabajador que se va es una capacidad productiva que la provincia pierde de cara a la próxima zafra.
La Justicia en el ojo de la tormenta
Lo que más indigna a los firmantes del acuerdo (gremios, industria y cooperativas) es la pasividad judicial. Mientras el derecho a la circulación y al trabajo es vulnerado sistemáticamente por minorías con intereses electorales, los juzgados mantienen una parsimonia que roza la connivencia por omisión.
El sector productivo exige que el Ejecutivo provincial abandone la actitud de espectador. La economía de las chacras no puede ser moneda de cambio para ambiciones personales de quienes, tras perder en democracia, pretenden gobernar desde el corte de ruta.
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