El histórico referente del boxeo misionero y organizador de la clínica destacó el impacto motivacional que significó para sus alumnos compartir el ring con una leyenda. «Ver a los chicos trabajar con el campeón del mundo es un triunfo», confesó.
Detrás del brillo de las luces y la figura estelar de Sergio «Maravilla» Martínez, hubo un motor fundamental para que la histórica jornada del viernes fuera posible: Julio Abel González. La gloria del boxeo misionero, hoy volcado a la formación de nuevos talentos, no ocultó su orgullo al ver a los alumnos de su escuela local frente a frente con un ídolo mundial.
Un sueño cumplido para la escuela local
Para González, la magnitud del evento superó cualquier expectativa técnica. Lo vivió con la intensidad de sus mejores épocas sobre el cuadrilátero:
“Para mí es una pelea por el título mundial. Ver a los chicos trabajar con el campeón del mundo es algo único”, sostuvo emocionado el entrenador.
González hizo especial hincapié en la ilusión que desbordaba en los rostros de los jóvenes de la escuela de box local. Para muchos de estos chicos y chicas, la presencia de Martínez no fue solo una clase de boxeo, sino una validación de que el camino del deporte es posible, sin importar el origen.
El valor del sacrificio
Conocedor de la realidad de sus pupilos, el ex boxeador recordó el esfuerzo diario que realizan quienes asisten a sus entrenamientos. Muchos de ellos provienen de contextos humildes, donde el boxeo funciona como refugio y herramienta de superación.
González remarcó que el sacrificio de los chicos es el motor de la escuela y la presencia de «Maravilla» funcionó como el combustible necesario para que sigan apostando a sus sueños.
Un reencuentro con la esencia del boxeo
Más allá de lo institucional, la jornada tuvo un tinte personal muy fuerte para Julio Abel. El evento se transformó en una verdadera fiesta del pugilismo regional, permitiéndole reencontrarse con viejos amigos, seguidores de toda la vida y amantes del deporte que se acercaron a Dos de Mayo para ser parte del hito.
«Estoy contento, feliz «, concluyó González, quien hoy se anota una de sus victorias más importantes: haber traído el mundo del boxeo de élite al patio de su casa, para que sus alumnos supieran que ellos también pueden ser campeones.

